Hay algo que no estaré viendo...

El Eneagrama nos permite abrir y ampliar nuestra percepción de la realidad mostrándonos aspectos que no son observables a simple vista. 

Los primeros de estos aspectos que podemos aprender a descifrar son los que conforman los procesos internos que dan lugar a los fenómenos externos que observamos con normalidad.

Así el Eneagrama evidencia lo que la Física Cuántica llama no localidad y explica la influencia de los factores que afectan a los resultados sin que intervenga la causalidad.

Una representación clásica de este enfoque es el Eneagrama de los días de la semana.

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Si colocamos lo días de la semana en la hexada (la figura formada por el 1-2-4-5-7-8) y reservamos el domingo para el 9 (el punto que usamos para determinar el principio y fin de un proceso) descubrimos cómo lo que hago cada día influencia no sólo al siguiente, sino que es determinante para aquel día que esté unido a éste por una flecha.

Por ejemplo, lo que sucede el miércoles (punto 4) está influenciado internamente por las acciones que realizo el lunes (punto 1) por lo que muchas veces, si no preparo el lunes lo que necesito para el miércoles, no importa cuánto me esfuerce el martes (punto 2) que no conseguiré mi objetivo.

Conocer la mecánica de los sucesos internos aclara su impacto en los externos y señala si el obstáculo a mis planes depende de mí (de lo que hice el lunes) o del afuera (lo que pasó el martes).

El triángulo equilátero que forma el símbolo con la hexada y la circunferencia, también nos pone de manifiesto otros aspectos de la realidad que no percibimos a simple vista para descubrir que nuestros procesos no son dialécticos sino trialécticos. 

No hay nada en la realidad que ocurra en base a una polaridad, puesto que los polos opuestos no podrían mantener su dinámica sin un tercer polo que sostenga su enfrentamiento.

Cada vez que tomamos una decisión, solemos debatirnos entre el blanco o el negro, y nos cuesta ver el gris. Pero si conseguimos hacerlo, el gris que integra el blanco y el negro nos abre una paleta infinita de combinaciones posibles. Algo que no solemos hacer fácilmente, porque ver el gris representa dar nuestro brazo a torcer y aceptar que no tenemos toda la razón como nos gustaría.

Nos cuesta apearnos de nuestro punto de vista porque estamos convencidos de que nuestra interpretación de la realidad es acertada. Obviamente se trata de una creencia firmemente instalada que nos permite atrevernos a salir a la calle con cierta seguridad, y sólo conforme vamos enfrentando nuestros miedos somos capaces de aceptar lo limitado de nuestras interpretaciones… De ahí que fuera un hombre muy sabio el que fue capaz de reconocer “yo sólo sé que no sé nada”.

El último elemento del símbolo, la circunferencia, nos recuerda que en cualquier circunferencia hay infinitos puntos que equidistan del centro, una metáfora de los millones de seres humanos que estamos todos igual de cercanos a la verdad.

Todas las verdades, todos los puntos de vista valen lo mismo y sólo sumándolos podemos empezar a ver un poco más de la realidad que somos y de la formamos parte.

Como infinito resulta un número poco manejable, algunas sabidurías y tradiciones milenarias sintetizaron estos puntos de vista diferentes en 9 (las 9 divinidades de los templos de Heliópolis en Egipto, los 9 atributos divinos en la filosofía griega o los 9 sefirots visibles del árbol de la vida judío son algunos ejemplos).

El Enegrama de la personalidad nos presenta 9 tipos que poseen 9 enfoques distintos de la realidad, 9 maneras de mirar al mundo y de procesar las experiencias, de relacionarse, de protegerse y de prepararse para el futuro.

Pensar que cada uno de nosotros ve poco más del 11% de la realidad (lo que nuestro tipo nos permite) es el primer paso para empezar a desenmascarar nuestras fantasías de objetividad y reconocer que necesitamos aprender a escuchar a los demás sin juicio para acercarnos a una verdad mayor. 

Explorar la manera de ver y vivir de los otros 8 tipos puede resultar tan apasionante y enriquecedor como los programas de televisión de familias normales que se van a pasar un mes con una tribu africana, y ayudarnos a ampliar horizontes, a retirarnos las anteojeras que nos ponen nuestros miedos.

Acordarnos de buscar el gris antes de tomar decisiones drásticas nos permite ganar la libertad de buscar la gama de gris que mejor combina el negro y blanco según mis necesidades de cada momento y elegirla sin tener que ser fiel a ningún patrón.

Y entender que los procesos tienen una parte interna que es nuestra responsabilidad y una externa que dialoga con ella nos ayuda a analizar dónde está el obstáculo y a volver a la fase que sea necesaria sin culpa ni frustración para fluir con el movimiento real del Universo.

Cuando logramos hacerlo, aparece una sensación de plenitud y felicidad que nace de estar en contacto con una realidad superior, incluso aunque mis objetivos no se estén cumpliendo.

Si no estoy en contacto con esa sensación en los momentos difíciles, cuando me siento superado por las circunstancias, lo que más me ayuda es preguntarme: ¿qué es lo que no estoy sabiendo ver?

Pedro Espadas

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